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jueves, 24 de julio de 2014

No o Volar

En un pueblito muy cerca de aquí y muy lejos de allí se divisaba una pequeña y humilde casita, en ella habitaba un anciano de cabellos blancos y gran barba, con el que ocultaba la mayor parte de su rostro marcado, por el tiempo quizás, por la vida; tal vez por el viento, por las hojas... y en su hombro cargaba su compañero de vida, como cada mañana, como cada día, como religiosamente, un pájaro negro de gran copete colorado, casi  tirando a un rojo atardecer, que tenía sus alas recortadas por algún destino impuesto, marcado... En la nada se podía sentir la soledad pacifica, y aterradora a la vez, donde sin mareas, sin cables chisqueantes por algún viento polvoroso, sin perturbaciones más que la de los pájaros que revoloteaban en cada uno de los puntos marginales, uno que otro escopetazo, hachazo bolado por los asesinos indocumentados...El anciano de ya casi varios siglos ocultados en sus manos, decaía en la tarde oscura y temebrosa, el aire escaseaba en su ser, los latidos de ese corazón sin estrenar por la rigidez de sus sentidos, empobrecían en cada segundo, en cada milésima y no hubo ni un eco de dolor, ni de miedo...Todo quedó como en cada atardecer, entre la brisa fresca de olores silvestres, con la vista asomada de la luna llena y el pájaro negro, de copete colorado tirando a un rojo atardecer se camufló entre las leñas frescas, lanzando un gorjeo ensordecedor...y al lado de su anciano amo se quedó hasta que encontrar su muerte...