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sábado, 28 de mayo de 2016

Amor desangrado


Entre la profundidad de la oscuridad que me detiene, todavía puedo sentir el sabor de tu sangre recorriendo entre mis dedos como una puñalada que se me escapó de mi mente; estoy segura de quien soy, quien fui y una sonrisa me dibuja los labios… No era un día más, era el día clave, la hora exacta, el lugar indicado, todo tenía marcado un orden, era ese viernes, con aquella lluvia maldita que caía sobre la alfombra manchada, gastada por el tiempo, me dormí sobre el sofás como solía cada noche esperarte, pero hoy no fue un día más, te esperé, esperé ese momento, lo ansié en cada segundo de respiro que estuve junto a ti. Llegaste rozando mi frente con un beso frío y distante, la lluvia caía como soñada, mi inmovilidad era perfecta, seguí tus pasos con mis pensamientos y eran como en cámara lenta, te seguí hasta en el sueño profundo y descuidado de tu infiel seguridad. Soñé contigo, y te vi con ella, esa que te alejó de mi carne, esa que te enredó en su cuerpo, eras mío y seguirás siendo mío como ayer como siempre. Baje del sofás, mojándome los pies, nada me temblaba, mi corazón apenas se movía, en mis manos tenía la llave de nuestro eterno amor, tenía un grandioso brillo, lo apreté tan fuerte para que no se me escapara de entre los dedos , que la sangre fue dibujando nuestros nombres hasta llegar hasta la alcoba. Estabas ahí dormido, y tu boca parecía nombrarla a ella, te observé unos respiros, y sentí al ver tu cuerpo semidesnudo un deseo desenfrenado por hacerte mío, por sentirte dentro de mí, me quité la camisola ensangrentada, mis bragas cayeron sobre el suelo de la habitación sutilmente, mi cuerpo se entremetió entre las sábanas, me penetré entre tus piernas y me miraste casi dormido, algo descuidado, y en ese culminante momento de placer desmedido, te arranqué el corazón y lo hice mío, porque fuiste mío y eres mío como un día nos prometimos y como ese día me prometí….